Cilte

Cilte. 15 de junio de 2026 No hay comentarios

Onboarding universitario: acompañar el inicio para para construir trayectorias más sólidas

(Por Sandra Sturla, equipo CILTE) El primer día de universidad, muchos estudiantes no saben exactamente dónde empieza la experiencia universitaria. ¿Es el aula? ¿El campus virtual? ¿El correo institucional que todavía no lograron configurar? ¿El grupo de WhatsApp donde circulan indicaciones contradictorias? Para algunos, la incertidumbre aparece en preguntas aparentemente simples: cómo acceder a una clase, dónde encontrar materiales o a quién recurrir cuando surge una duda. Para otros, el desafío es aún mayor: organizar tiempos de estudio compatibles con el trabajo, adaptarse a nuevas formas de evaluación o animarse a construir vínculos en un entorno desconocido.

Ingresar a la universidad implica mucho más que comenzar las clases. Significa aprender a habitar una nueva cultura académica, con otras reglas, expectativas y modos de participación. La transición hacia la educación superior supone desarrollar mayores niveles de autonomía, comprender nuevas dinámicas institucionales y apropiarse de herramientas que muchas veces resultan desconocidas. En este contexto, los primeros meses adquieren una importancia decisiva, ya que suelen condicionar no solo el desempeño académico inicial, sino también el bienestar, el sentido de pertenencia y el vínculo que el estudiante construirá con la institución a lo largo de su trayectoria.

Diversas investigaciones han mostrado que las experiencias del primer año tienen una influencia significativa sobre la continuidad académica y la integración universitaria (Thomas et al., 2017; OECD, 2022). Cuando las instituciones no logran acompañar adecuadamente esta transición, aumentan los riesgos de desvinculación temprana, desorientación y baja participación. Por el contrario, quienes comprenden tempranamente cómo funciona la vida universitaria, logran establecer vínculos y encuentran canales claros de apoyo suelen desarrollar trayectorias más estables y satisfactorias.

A este conjunto de estrategias destinadas a facilitar la incorporación de los estudiantes a la vida académica se lo conoce como onboarding universitario. Aunque el término proviene originalmente del ámbito corporativo, donde refiere a los procesos de integración de nuevos colaboradores, su adaptación a la educación superior permitió ampliar la mirada sobre el ingreso universitario. Más que una instancia administrativa o una simple bienvenida, el onboarding propone comprender el inicio de la trayectoria académica como una experiencia acompañada, planificada y sostenida durante las primeras semanas o meses.

Desde esta perspectiva, el onboarding universitario puede entenderse como un conjunto de acciones académicas, comunicacionales, tecnológicas y socioemocionales destinadas a facilitar la integración efectiva de los nuevos estudiantes. Esta concepción implica superar modelos tradicionales centrados exclusivamente en jornadas informativas o trámites de ingreso para avanzar hacia experiencias más continuas y articuladas. La literatura contemporánea sobre experiencia y permanencia estudiantil sostiene precisamente que la adaptación a la universidad no depende únicamente del esfuerzo individual del estudiante, sino también de la capacidad institucional para construir entornos claros, accesibles y significativos (HEPI, 2020).

Uno de los ejes centrales de estos procesos es la integración académica. Muchos estudiantes ingresan a la educación superior sin conocer plenamente qué implica estudiar en un entorno universitario. Comprender las expectativas académicas, familiarizarse con nuevas metodologías de estudio, interpretar criterios de evaluación y desarrollar estrategias de organización del tiempo constituye una parte fundamental de la adaptación inicial. Las investigaciones muestran que una experiencia de ingreso clara y bien estructurada favorece la adaptación académica y reduce el riesgo de abandono temprano (Naylor et al., 2018). Cuando los estudiantes logran comprender desde el inicio cómo desenvolverse académicamente, disminuyen la incertidumbre y la sensación de desorientación que suelen caracterizar los primeros meses.

Sin embargo, la experiencia universitaria no se construye únicamente desde lo académico. El sentido de pertenencia ocupa un lugar central en la permanencia estudiantil. Sentirse parte de una comunidad, establecer vínculos con pares y docentes, reconocer valores institucionales compartidos y participar de la vida universitaria son aspectos profundamente vinculados con la motivación y el compromiso académico. Pedler, Willis y Nieuwoudt (2022) destacan precisamente que la pertenencia institucional influye de manera directa sobre la continuidad y el disfrute de la experiencia educativa. Por esta razón, los programas de onboarding más sólidos no se limitan a transmitir información: buscan generar comunidad, habilitar espacios de encuentro y favorecer la integración social desde el inicio.

La transformación digital de la educación superior agregó además nuevos desafíos a estos procesos. Hoy gran parte de la experiencia universitaria transcurre dentro de ecosistemas tecnológicos: campus virtuales, plataformas de videoconferencia, sistemas administrativos y canales institucionales forman parte cotidiana de la vida académica incluso en modalidades presenciales. En consecuencia, la alfabetización digital inicial dejó de ser un aspecto complementario para convertirse en una dimensión crítica de la integración universitaria. Las dificultades tecnológicas tempranas suelen generar frustración, desconexión y disminución de la participación estudiantil (JISC, 2023). Acompañar digitalmente a los ingresantes implica no solo enseñarles a utilizar herramientas, sino también ayudarlos a comprender cómo participar académicamente dentro de esos entornos.

¿Cómo se traduce esto en la práctica? Un programa de onboarding efectivo puede incluir recorridos guiados por el campus virtual, desafíos breves para familiarizarse con herramientas digitales, tutorías entre pares, espacios de consulta frecuentes, materiales audiovisuales, microcontenidos accesibles y actividades orientadas a comprender qué significa ser estudiante universitario. Precisamente, desde CILTE y e-ABC hemos desarrollado propuestas y recursos específicos para acompañar este proceso, entre ellos ebooks orientados a diseñar experiencias de onboarding más humanas, organizadas y significativas. Estas iniciativas parten de una convicción simple pero poderosa: ingresar a la universidad no debería implicar aprender a prueba y error aquello que las instituciones pueden anticipar y acompañar.

La transición universitaria también involucra dimensiones emocionales y personales. La presión académica, las dudas vocacionales, la soledad o las dificultades de adaptación pueden afectar significativamente el bienestar estudiantil durante los primeros meses. En este escenario, muchas universidades incorporan tutorías, orientación académica, apoyo psicológico y estrategias integrales de acompañamiento como parte de sus programas de onboarding. Esta preocupación se vincula además con un escenario internacional en el que la salud mental estudiantil se ha convertido en un tema prioritario para la educación superior contemporánea (World Health Organization, 2022).

En los últimos años, además, la inteligencia artificial comenzó a abrir nuevas posibilidades para enriquecer estos procesos. Asistentes conversacionales, tutores virtuales y sistemas de orientación inteligente permiten ofrecer respuestas inmediatas a dudas frecuentes, acompañar la exploración del campus virtual y brindar apoyo contextual durante las primeras etapas de la trayectoria académica. Experiencias como ULI Mentor, orientado al acompañamiento docente, o desarrollos como ULI Tutor y Lia, diseñados para ofrecer orientación personalizada y apoyo permanente a estudiantes dentro de entornos digitales, muestran el potencial de estas tecnologías para complementar las estrategias institucionales existentes.

Sin embargo, la incorporación de inteligencia artificial exige una mirada crítica. Su valor no reside en reemplazar el vínculo humano ni en automatizar indiscriminadamente procesos complejos. Por el contrario, su principal aporte consiste en ampliar la capacidad institucional para ofrecer acompañamiento oportuno, personalizado y accesible, liberando tiempo para que docentes, tutores y equipos de apoyo puedan concentrarse en aquellas dimensiones relacionales que ninguna tecnología puede sustituir.

La implementación de programas institucionales de onboarding puede generar beneficios tanto para los estudiantes como para las propias universidades. Para los ingresantes, una experiencia inicial acompañada suele traducirse en mayor claridad respecto de las expectativas académicas, menor incertidumbre y una adaptación más positiva al entorno universitario. Para las instituciones, estos procesos contribuyen a fortalecer indicadores de permanencia, reducir el abandono temprano, mejorar la experiencia estudiantil y optimizar recursos de apoyo.

No obstante, avanzar hacia modelos institucionales de onboarding también implica enfrentar desafíos importantes. Muchas universidades todavía presentan procesos fragmentados entre áreas, ausencia de estrategias transversales, escasa medición de resultados o dificultades para sostener cambios organizacionales de largo plazo. A esto se suma la creciente heterogeneidad del estudiantado, primeras generaciones universitarias, estudiantes que trabajan, personas con trayectorias educativas discontinuas, estudiantes internacionales o con discapacidad, que obliga a diseñar experiencias más flexibles, inclusivas y adaptadas a diferentes necesidades y contextos.

En definitiva, el avance del onboarding universitario refleja una transformación más profunda en la manera de comprender la experiencia estudiantil. El ingreso a la universidad ya no puede pensarse únicamente como un momento administrativo o informativo, sino como el inicio de una trayectoria que requiere acompañamiento, orientación y construcción de comunidad.

Las instituciones que logren desarrollar experiencias iniciales más claras, humanas e integradas estarán mejor preparadas para fortalecer la permanencia estudiantil y responder a los desafíos contemporáneos de la educación superior. Porque acompañar el comienzo no significa simplificar el desafío universitario, sino reconocer que nadie debería transitar en soledad el proceso de aprender a convertirse en estudiante universitario.

 

Referencias

  • Higher Education Policy Institute (HEPI). (2020). The hidden curriculum in higher education.
  • JISC. (2023). Digital experience insights survey 2023.
  • Naylor, R., Baik, C., & Arkoudis, S. (2018). Identifying attrition risk based on the first-year experience. Higher Education Research & Development, 37(2), 328–342.
  • OECD. (2022). Education at a glance 2022: OECD indicators. OECD Publishing.
  • Pedler, M., Willis, R., & Nieuwoudt, J. (2022). A sense of belonging at university: Student retention, motivation and enjoyment. Journal of Further and Higher Education, 46(3), 397–408.
  • Thomas, L., Hill, M., O’Mahony, J., & Yorke, M. (2017). Supporting student success: Strategies for institutional change.
  • World Health Organization. (2022). World mental health report: Transforming mental health for all. WHO.

 

Sandra Sturla es Profesora de Inglés y Especialista en Tecnología Educativa con formación y desempeño en espacios y temas relacionados con la Neurosicoeducación,el Diseño Universal para el Aprendizaje y la Educación a Distancia. Es maestranda del Máster en Ciencia, Tecnología e Innovación de la UNRN. Es miembro de distintas organizaciones educativas a nivel internacional y se desempeña como docente a nivel terciario y universitario. Es parte del equipo de Cilte desde el 2022.